Hans Christian Andersen |
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Está presente
en la mayor parte de los cuentos. Sin embargo, Andersen no presenta la muerte como un hecho negativo ni un estado nefasto, sino que la describe como la prolongación de la vida , el que muere realiza el tránsito a la vida eterna. Así, la protagonista de La Pequeña Ondine (1835)
quiere ser humana para poder tener un alma eterna.
La muerte aparece a menudo entendida como un alivio, como una liberación : así ocurre en La pequeña vendedora de fósforos (1845) ,
Bajo el sauce (1853) o en
Anne-Lisbeth (1859). Andersen describe físicamente la figura de la muerte, hace de ella un personaje más al que no identifica con rasgos malvados.
En La historia de una madre
(1848) : la muerte aparece con los rasgos de una pobre vieja que se limita a
obedecer a Dios de quien sólo es una emisaria. Sin embargo, nunca representa físicamente la figura de Dios, éste aparece como alguien muy vivo pero invisible.
Andersen
intenta desmitificar la muerte, no la muestra como algo dramático
sino como la continuación lógica y normal de la vida
terrenal : a la luz de Dios no es horrorosa. Quizás al mencionarla, y al plasmarla en tinta sobre papel, intenta Andersen domesticarla y convencerse a sí mismo.
En la obra de Andersen, muchos personajes se ven obligados a elegir entre la razón y el sentimiento.
Pero el autor no se decanta por ninguno de los dos : en algunos cuentos el personaje elegirá obrar según la razón y en otros según los sentimientos.
No servía para nada (1853) : la protagonista renuncia al amor de su vida y a la felicidad siguiendo el dictado de la razón, por respeto al decoro. Andersen muestra cómo las pretensiones y los prejuicios humanos pueden acabar con los idilios. Es la historia de una vida malgastada.
En La Reina de las Nieves
(1844), los sentimientos son más fuertes que la razón, y son ellos los que guían a la protagonista para liberar a su amigo. Gerda nunca renuncia a su amor por Kay aunque en algunos momentos parezca olvidarle un poco y a pesar del desaliento de los otros personajes. Pero, mientras que los demás se contentan con creer en su desaparición, es Gerda quien persevera y, guiada por su amor, su bondad y su valentía, consigue liberar a su amigo Kay.
Este mismo tema podemos encontrarlo en La Pequeña Ondine : su razón
no quiere cambiar, pero lo que ella desea por encima de todo es tener un alma eterna y hará todo lo posible por conseguirla a pesar de los discursos de todos sus amigos
que intentan disuadirla. En los cuentos de Andersen el
sentimiento termina a menundo prevaleciendo sobre la razón.
Los personajes que terminan
triunfando lo hacen siguiendo los dictados de la naturaleza, siendo sinceros y puros.
El Patito Feo (1842) : el personaje es rechazado por todos a causa de su físico por lo que se ve obligado a marcharse para no tener que soportar las burlas y los golpes de los otros. Vive solo, puesto que nadie le acepta realmente tal como es, hasta que un día se atreve a dirigirse a los cisnes, ellos no le rehuyen y descubre entonces que él mismo es un cisne majestuoso.
Aunque este cuento no muestra una sociedad tolerante, es sin embargo optimista con respecto a los otros en lo tocante a este tema : el patito feo, tras pasar varios infortunios, termina encontrando su lugar en una sociedad a su medida en la que va a encontrar la felicidad.
En los otros cuentos encontramos el caso contrario : la historia de un personaje perfectamente integrado en la sociedad en la que vive, que lo tiene todo para ser feliz, pero que desea algo más y hace todo lo posible para conseguirlo.
La Pequeña Ondine (1835) : princesa del reino submarino, es la más hermosa de las seis sirenitas y tiene la voz más bella. Aunque es objeto de la admiración de todos, ella desea otra vida. Desafiando los peligros, y pasando por sacrificios terribles, va a intentar tener un alma eterna a través de un amor humano que finalmente le es negado y muere.
La Dríade (1868) : aunque vive feliz en su tierra, quiere descubrir y recorrer París. Se le ofrece poder hacerlo a cambio de reducir su esperanza de vida al mínimo y ella acepta. Tras disfrutar intensamente de su visita a París, muere.
Son cuentos pesimistas puesto que terminan mal. Sin embargo, los personajes no se quejan en ningún momento, ni se arrepienten de su elección. Lo más importante para ellos es llegar hasta el final de sus deseos y ambiciones.
Estos personajes
se parecen al narrador : no tienen reparos en seguir su camino y su propia vocación.
Los cuentos en los que encontramos este tema siguen a grandes rasgos la misma historia : un niño y una niña crecen juntos, se quieren como hermanos y se llevan de maravilla hasta el día en que son separados. Algún
tiempo después se encuentran y el joven le declara enconces su amor a la chica quien se decanta por otro hombre. Él, desesperado, emprende un viaje para olvidar.
Bajo el sauce(1853) : El enamorado protagonista se siente
decepcionado por el comportamiento de su amiga y termina muriendo de
frío mientras sueña con ella bajo el sauce junto al que habian jugado de pequeños.
Ib y la pequeña Christine (1855) : en esta
ocasión no es el protagonista quien muere sino la
protagonista. Tras rechazar a Ib, Christine se casa con un hombre de buena posicion pero que no administra bien su dinero. La pareja cae muy pronto en la miseria y Christine es abandonada junto a su hija. La casualidad hace que Ib la encuentre cuando aún está moribunda, ella le pide que recoja y críe a su hija y él acepta.
Para escribir cuentos como Ce que racontait la vieille Jeanne (1872) y Le bonnet de nuit du commis au poivre (1858), Andersen se inspira en su propia vida sentimental : rechazado en varias ocasiones, nunca llego a casarse.
Bajo el sauce : en este cuento, el personaje femenino hace carrera en el mundo de la canción. Andersen también había estado enamorado de una cantante, Jenny Lind, quien rechazó sin miramientos su demanda de matrimonio. Cada vez que Andersen se enamoraba de una joven, ella se decantaba por otro. Él, sin sentir rencor, continuaba manteniendo buenas relaciones con ellas.
A Andersen le gusta escribir la historia de una vida, la de un ser humano o la de una leyenda, un animal, un vegetal e incluso un objeto. Es capaz de dar
vida, lenguaje y sentimientos humanos a los objetos y a los animales, como en el
tradicional género de las fábulas. En ocasiones describe la vida de un personaje desde su nacimiento a su muerte y otras veces simplemente un período concreto de esa vida.
No servía para nada (1853) : en este cuento Andersen nos presenta a una mujer de cierta edad para revelarnos seguidamente cuáles fueron las circunstancias de su vida que han hecho de ella una alcohólica
Bajo el sauce
(1853) : el autor comienza contándonos la infancia de un niño y una niña : siempre juntos, pronto serán separados cuando la joven tiene que trasladarse a vivir a otro lugar. Al encontrarse unos años más tarde, el joven declara su amor a la chica
quien le rechaza amablemente. Desesperado, viaja para olvidar. Un día la vuelve a ver, pero ella no le reconoce. Entonces, desamparado, vuelve a su pueblo y al sauce bajo el que habían jugado cuando eran niños y se deja morir de frío.
La Virgen de los hielos(1863) : Andersen narra la historia de Rudy desde su nacimiento hasta su muerte.
Andersen se recrea en la descripción de existencias pero también le gusta comparar destinos :
Cuál fue la más feliz ?(1871) : el cuento describe un rosal cuyo jardinero se pregunta por el destino de cada flor, compara sus vidas e intenta saber cual de ellas ha tenido una existencia más feliz
Los cinco en una vaina (1853) : Andersen compara en esta ocasión las existencias de cinco guisantes de una misma vaina que van a tener diferentes destinos.
Las luces(1871) : la candela siente envidia de la vela pues aquella siempre está colocada en objetos de plata y frecuenta la parte bonita del mundo del que comparte la felicidad y las alegrías, mientras que ella tiene que contentarse con estar confinada en la cocina. Andersen, dando muestras de su ironía, nos cuenta cómo un día la candela es regalada a una familia pobre... y pronto se da cuenta de que la felicidad se encuentra a veces en los lugares más insospechados.
En los cuentos de Andersen las mujeres ocupan un lugar preponderante hasta el punto de que en algunos no encontramos la persencia masculina.
La Pequeña Ondine (1835) : los hombres están casi ausentes en este cuento. Incluso el príncipe, que debería ser un personaje importante, carece de existencia autónoma.
La Reina de las Nieves (1844) : los principales personajes de esta historia son dos niños, Kay y Gerda. Sin embargo, Andersen deja pronto de lado al niño : Kay va a ser criado por la Reina de las Nieves y Gerda va a salir en su busca. Desde el comienzo de su búsqueda se encontrara fundamentalmente con personajes femeninos o animales hembra (una bruja, una corneja, la nieta de un salteador, una finesa y una lapona). Los pocos personajes masculinos o animales macho (un reno, un cornejo, el príncipe) que salpican el cuento no tienen tanta importancia.
Además, al igual que en La Pequeña Ondine, Andersen invierte los papeles convencionales de los personajes haciendo que sea la protagonista quien salve al chico.
Las mujeres juegan a menudo el papel tradicionalmente masculino : ellas tienen el poder, la fuerza (la Reina de las Nieves y la Virgen de los hielos) y socorren a los hombres.
Muchos de los cuentos de Andersen están dedicados a las mujeres :
La pequeña vendedora de fósforos (1845), La historia de una madre (1848), No servía para nada (1853), La judía (1856).
Dentro
de este contexto encontramos el tema de la mujer que no puede ser madre.
Pulgarcita (1836) y La fille du roi de la vase (1858) : en estos cuentos,
dos mujeres estériles se encuentran inesperadamente provistas de
niños un poco especiales : Pulgarcita es minúscula y la hija del
rey del barro, bella y de carácter execrable de día, se convierte
por la noche en un sapo feo pero muy gentil. Sin embargo, las madres no se
quedarán con estos hijos caidos del cielo : Pulgarcita le será
arrebatada por una rana y la hija del rey del barro regresará con su
madre natural. Hay que destacar también aquí que Andersen otorga a
estas mujeres hijos de sexo femenino.
En sus cuentos, Andersen es sensible a la belleza y sabe otorgársela a
los personajes y a las cosas así como a la naturaleza. Su desarrollado
sentido de la observación le permite ofrecernos finas y precisas
descripciones. Además, sus numerosos viajes le permiten situar sus
relatos en escenarios muy ricos y variados. La naturaleza,
por la que Andersen siente respeto y amor, es descrita de forma poética y, en ocasiones, esta dotada de un toque de lirismo romántico que coloca ante nuestros ojos imágenes evocadoras. Así ocurre en La
Virgen de los hielos que comienza con una pormenorizada y sugerente descripción de Suiza.
Andersen nos ofrece también bellos retratos de personajes que se inscriben en la tradición poética del cuento como ocurre en La Pequeña Ondine.
El autor suele introducir en escena a artistas (pintores, escultores o poetas) que están especializados en la belleza.
En Charmant, Hans Christian Andersen insiste en el hecho de que lo bello es importante pero no primordial : es la historia de un escultor que se casa con una joven muy bella con la que no tarda en aburrirse. Pronto va a sentirse seducido por una amiga de su esposa, sin belleza pero de vivo espíritu.
En los cuentos de Andersen, como en la mayoría de los autores, los objetos mágicos son capaces de cambiar la vida pero no siempre en un sentido positivo : algunos se convierten pronto en "destroza-vidas"...
Le briquet (1835) : Aquí todo va bien : un soldado va a hacerse rico y poderoso gracias a un encendedor mágico.
El baúl volador (1839) : un hombre recibe un baúl como regalo de un amigo, como no tiene nada para meter dentro, se mete él mismo y el baúl le lleva a Turquía. Gracias a este baúl va a poder encontrarse con una princesa escondida por su padre en una torre. Tras visitar a un mago obtiene la mano de la princesa. Pero un día antes de la boda, el baúl se quema y nuestro protagonista no puede ir a encontrarse con su novia.
Las zapatillas rojas (1845) : una niña pequeña, muy orgullosa de sus nuevas zapatillas rojas, decide ponérselas todos los días incluso para ir a la iglesia donde no es conveniente. A partir de entonces no volverá a poder quitárselas, tendrá que caminar, correr, bailar con ellas hasta el día en que, extenuada, va a ver al verdugo para que le corte los pies.
Los zuecos de la felicidad (1838) : cualquiera que lleve los zuecos podra encontrarse en el lugar y en la época que desee.
Estos zuecos llevan a las personas a vivir situaciones extrañas.
Estos objetos son los principales agentes del cuento, puesto que, gracias a ellos los personajes viven aventuras increíbles, tanto buenas como malas.
Como en todos los cuentos, lo maravilloso está presente en los relatos de Andersen especialmente en lo que se refiere al folklore danés.
Habla a menudo de ninfas, de pequeños duendes que habitan las casas, de trolls, de hadas, de brujas, de gárgolas, de elfos, de ondinas, de driades.
También las maldiciones
pueden ser el punto de partida de muchos cuentos de Andersen :
Los cisnes salvajes (1838),
La fille du roi de la vase (1858) o
Las zapatillas rojas (1845).
Hans Christian Andersen se inspira en muchas ocasiones en el folklore de los países nórdicos, en sus creencias y leyendas. Así, encontramos en muchas ocasiones el tema de las cigüeñas que portan bebés : Las cigüeñas (1839), Pieter, Peter, Pier (1867), La fille du roi de la vase (1858).
En leyendas nacionales como Ogier el Danés (1845), o en historias reales de personajes históricos, lo maravilloso y lo fantástico se expresan especialmente en los cuentos escritos en su primera época. En los demás, los poderes misteriosos tienden a desaparecer.
"Mi vida es un cuento maravilloso, marcado por la suerte y por el éxito". H.C. Andersen, El cuento de mi vida (1855).
Andersen, que siempre había querido ser cantante o bailarín para trabajar sobre un escenario ante el público, estaba convencido desde la adolescencia de que un día sería famoso.
De hecho, aunque sus primeras
obras ya le proporcionaron una apreciable notoriedad, son los cuentos los que
han hecho de él un autor verdaderamente célebre. Cuando no estaba
directamente enfrentado a un público, le gustaba leer o contar sus relatos en
reuniones de amigos y conocidos.
A pesar
de haber vivido algunos fracasos, Hans Christian nunca se desanimó, y su perseverancia, unida a su talento, hicieron posible la gran obra que hoy conocemos.
Los Cuentos, traducidos a 80 lenguas, son lo
suficientemente mágicos como para fascinar a casi todos los
públicos del planeta. Provocan evocaciones y resonancias a los hombres de
todas las edades, gustan a grandes y a pequeños.
Hoy, pasado más de un siglo de sa muerte, Hans Christian Andersen
sigue siendo, gracias a esta parte, la más feliz y la más rica de su gran producción literaria, uno de los autores más leídos del mundo entero.